(Opinión) La Picacha sobre rieles: una nueva conexión entre Altavista y La Alpujarra
Por: Santiago Ruiz Alzate. Mstr: Dirección del Desarrollo Sustentable
Un tranvía liviano podría conectar Altavista con el centro de Medellín, compartiendo el corredor ecológico de la quebrada La Picacha con las bicicletas y vehículos particulares, aprovechando la ruta transversal de la quebrada. La propuesta es sencilla de explicar. El tranvía iría paralelo a la quebrada y compartiría carril con las bicicletas. A su lado quedaría la vía para los carros y los vehículos livianos, de una forma parecida a como hoy está dispuesto el corredor entre ciclorruta y calzada.
El recorrido saldría de Aguas Frías y pasaría por la Universidad de Medellín, el centro comercial Los Molinos, Villa de Aburrá, la avenida 80 en conexión con el metro liviano, la avenida 33 y el centro comercial Unicentro, cruzando por el puente de San Juan cerca de Parques del Río y finalizando en la estación Alpujarra del metro, de allí los pasajeros pueden conectarse con el resto del Valle de Aburrá.
La idea surgió del trabajo que vengo haciendo en el territorio, a lo largo de la quebrada La Picacha y del río Medellín, como una pieza más de ese proceso. La comparto como una propuesta abierta, que vale la pena evaluar en conjunto con las comunidades y las entidades responsables.
Para entender por qué este corredor, conviene mirar atrás. Hace años, el plan maestro de movilidad de Medellín imaginaba la ciudad como una espina de pescado: sistemas de transporte articulado que bajaban de las laderas hacia el centro del valle y se encontraban con las estaciones del metro. Ese esquema fue cambiando con las circunstancias y con el crecimiento de la ciudad, algo natural en un valle que se llenó más rápido de lo que alcanzaron a prever sus planes. Lo que también cambió fue la manera de mirar el territorio.
Hoy, la discusión urbana presta cada vez más atención al agua. Recuperar espacio para las quebradas puede contribuir a reducir los efectos del cambio climático frente a los desastres naturales gestionando mejor el riesgo. Desde esa perspectiva, las microcuencas del Valle de Aburrá no deberían entenderse únicamente como cauces que conducen agua, sino también como corredores ecológicos que conectan la montaña con el río atravesando la ciudad.
La quebrada La Picacha nace en el corregimiento de Altavista, atraviesa la comuna 16, Belén, y la comuna 11, Laureles-Estadio, y desemboca en el río Medellín en el sector de Conquistadores, a la altura de Parques del Río. Su recorrido transversal, desde la montaña hasta el río, es el que la propuesta plantea aprovechar para una conexión de transporte público.
En lo ambiental, el corredor puede trabajar a favor de la quebrada. Si el tranvía se diseña junto con las soluciones basadas en la naturaleza que hoy se proponen para La Picacha, la infraestructura que rodea el cauce puede funcionar mejor desde el punto de vista hidráulico y así evitar nuevas presiones sobre el ecosistema, contribuyendo a una relación más segura entre la ciudad y el agua.
En la vida cotidiana, una conexión de este tipo podría facilitar los desplazamientos de quienes viven en las partes media y alta del centro occidente y trabajan en el centro de Medellín o en otros municipios del Valle de Aburrá. Algunas personas deben utilizar más de un medio de transporte para llegar a sus destinos. Una línea que conecte directamente con el metro Livian de la 80 y la Línea A del Metro de Medellín, podría reducir transbordos y tiempos de viaje, según el trazado, la frecuencia y las conexiones que finalmente se definan.
Hay además una razón de memoria. En los años 30, Medellín tenía tranvías y se pensaba a sí misma como una ciudad de futuro. Un sistema contemporáneo, eléctrico y de bajas emisiones podría recuperar parte de esa memoria, siempre que responda a las necesidades actuales de movilidad y a criterios verificables de eficiencia, accesibilidad y sostenibilidad, que hoy, a pesar de los esfuerzos, tropieza con muchas trabas administrativas o visiones ya dadas por decreto en algunos escritorios.
En movilidad, el corredor quedaría ordenado. El tranvía y las bicicletas compartirían carril, los carros tendrían el suyo al lado, y todo en una vía que ya existe, obviamente evaluados previamente con criterios de seguridad, capacidad y continuidad de los recorridos. El objetivo sería ofrecer al centro occidente una conexión directa con el metro en La Alpujarra y, desde ahí, con todo el Valle de Aburrá.
La viabilidad económica tampoco debe darse por sentada, pero si sería considerablemente menos costosa que otro tipo de sistemas de transporte público masivo. El uso de un corredor existente podría reducir ciertas necesidades de adquisición de predios frente a otras alternativas, pero los costos dependerían de las obras requeridas, las interferencias con redes de servicios públicos, la solución hidráulica, el material de obra civil y la operación del sistema. La propuesta podría estudiarse de manera coordinada con los parques lineales, la gestión de viviendas ubicadas en zonas de riesgo y los planes ciudadanos formulados para la parte baja de La Picacha, entre ellos el Plan Maestro Conquistadores Corazón Ecológico.
Si se evalúa de forma conjunta con los instrumentos de movilidad, urbanismo, paisajismo e infraestructura hidráulica, el proyecto podría convertirse en una oportunidad para responder a necesidades de transporte sin perder de vista las condiciones ambientales y sociales del territorio. Para ello, es indispensable contrastar la idea con la comunidad y con las entidades técnicas competentes.
Por eso, el llamado a la Administración Distrital y a Planeación Distrital es que una iniciativa con posibles efectos metropolitanos se estudie de manera integral y cuente con una estimación presupuestal seria, aunque su ejecución se plantee por etapas. Dejar un proyecto bien formulado permitiría que una o varias administraciones lo desarrollen con continuidad, más allá de los cambios políticos. Los proyectos de ciudad deben evaluarse por su aporte a la movilidad, la conectividad ecológica y una visión urbana que deje espacio al agua.
Este llamado vale para la administración actual y para las que vengan: planear desde el territorio. Eso exige comprender primero su estructura ambiental, la forma de las laderas y el recorrido del agua. También implica reconocer las condiciones sociales y la experiencia de las comunidades que han construido su vida en esas laderas y junto a las quebradas. La Picacha permite leer ambas dimensiones.
El corredor existe, la quebrada hace parte del territorio y hay propuestas ciudadanas que pueden aportar a su futuro. El siguiente paso es evaluar la iniciativa con rigor, junto con la comunidad y las entidades responsables. Una conexión mejor integrada al paisaje podría ampliar las alternativas de movilidad del centro occidente de Medellín de forma rápida, limpia y cuidadosa con el agua.
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